Ir al contenido principal

Lágrimas inocentes






Lágrimas inocentes


Dime, ¿cómo quieres que mi alma,

deje de llorar en algún instante?.

Si tu  inesperada ausencia me ha robado la calma,

y mi corazón no puede olvidarte.

 

Dime, ¿Cómo quieres que no te

inmortalice en cada pensamiento?,

si cierro los ojos y te recuerdo dulcemente sonriendo,

esperando  con ansia, a ver ¿qué es lo que me dices?,

mientras mi respiración se acaba perdiendo en una

oscuridad indeseable.

 

Me falta cada beso, cada te quiero, cada aliento,

envuelto en una soledad absurda e impredecible,

y llorando ante tu ausencia me siento incapaz

de volver a amar.

Revolviendo mi imaginación hacia todas partes,

no encuentro consuelo alguno.

 

Dicen que todo pasa y que la vida sigue sin parar,

pero vuelven a ser palabras vacías en un rincón.

Palabras sin aliento, sujetas a cada situación

desconcertada, que junto al mar, 

con los ojos cerrados,

escuchando una dulce canción

intento hacer solo mías.

 

Allá donde estés quiero que sonrías,

como tú mi amor solo sabias hacer,

para que cuando mire a una estrella brillando,

pueda ver que todos estos versos,

con tanta dulzura, los estas escuchando.

¡Nunca dejes de soñar¡

 

Solo tú, puedes convertir cada sueño,

en una dulce realidad.

 

Jesús Lara González de Quevedo

Escritor de sueños


Comentarios

Entradas populares de este blog

Los que dan el todo

Los que dan el todo Hay personas que no consiguen estar de brazos cruzados, esperando que las cosas sucedan para poder después decidir cuál es la mejor manera de contarlo. Simplemente van decidiendo a medida que actúan, sintiendo cada palabra, cada letra, cada vocal. Convivir con este tipo de personas es importante para un escritor, porque este debe entender que antes de ponerse frente al papel, debe ser lo bastante libre como para cambiar de dirección a medida que su imaginación viaja.  Después de escribir una frase, debe poder decirse a sí mismo: «Mientras escribía, recorrí un largo camino y ahora concluyo este párrafo con la conciencia de que arriesgo lo necesario y doy lo mejor de mí mismo».  Este es el caso de Jesús Lara González de Quevedo. Sus escritos penetran en el alma de quienes los leemos. Nos hacen experimentar todas las emociones existentes y nos transportan a la fantasía real de hechos y sentimientos. Su peculiar estilo rompe barreras. Nuestro e...

Resentida

Resentida   ¡Dime de una vez¡ -       ¿Hasta dónde te lleva esa prepotencia que transpiras por todos los poros de tu cuerpo? ¡Dime de una vez¡ -       ¿Qué sientes cada vez que con tu ego pisoteas a una persona que nunca ha arremetido contra ti? Cada día, solo ver esa sonrisa despiadada llena de superioridad y desprecio hacia el prójimo, me hace entender que intentas escudar lo que de verdad hay en tu interior. Intentas fortalecerte con el dolor y la vergüenza de todo aquel que te rodea. Pero… -         ¿Sabes una cosa? A mí no me convences, ni me haces sentir mal. -       ¿Sabes por qué? Porque yo sé quién eres, lo que intentas hacer y de dónde vienes. Y para nada te veo en ese pedestal que tú misma te ves subida. Te considero una gran persona, pero desde que te crees la diva del universo se ha perdido ...

En la oscuridad de mi alma

En cada verso, hoy escrito, la indudable poesía eres tú. Extraño por segundos tu presencia, mientras el insomnio me atrapa cruelmente. Mi pensamiento da miles de vueltas, buscando un juicio justo a este merecido sufrimiento. Tanto desgaste y desilusiones causado por mi indiferencia, Tantas y tantas lágrimas vertidas por mi incoherencia, tantos instantes de felicidad perdidos por mis malos actos. Y tú, tú siempre dedicándome tu mejor sonrisa, aunque tu alma estuviera demolida. Qué significado tiene mi  devastadora vida, si eras la dueña de mi alma en todos los sentidos. No supe darte todo ese amor y las dulces caricias,  que a gritos me aclamabas sin yo querer escucharlas. Debí en todo momento hacerte sentir como una reina, pero con mi desfachatez, hice justo lo contrario. Precisabas de mi cariño para dejar a un lado el dolor, y yo te regalaba mi ignorancia más despreciable. Ahora, a día de hoy, tengo lo que por mi desgracia merezco. Solo deseo que no desestimes nunca al amor, ...